ATLETAS DEL PENTAGRAMA

Cuando empece a darle forma al proyecto de Kung Flow en ningún momento pensé en los músicos,a medida que profundizaba sobre el estado de flow aparecían una y otra vez referencias sobre ellos, esto despertó mi curiosidad y poco a poco me fui familiarizando con sus circunstancias.

Encontré muchos artículos que equiparan a los músicos con los deportistas, tanto unos como otros se someten a largas sesiones de entrenamiento y practica diaria, realizan movimientos repetitivos y técnicamente muy precisos, sufren la presión al exponerse ante un publico, todo su esfuerzo se tiene que reflejar al máximo en un momento determinado.

En el mundo del deporte esta totalmente integrada la importancia de cuidar el cuerpo de manera integral y llevar una vida sana, ademas de la atención al cuerpo los deportistas saben que para ser el mejor también hay que trabajar aspectos mentales y emocionales.

Lo sorprendente es que estos tres aspectos, físico, mental y emocional se consideran casi de forma anecdótica en la formación y en el desarrollo profesional de un músico. El porcentaje de músicos que no realizan ninguna actividad física es altísimo, en algunos artículos se habla de un 80% y sobre cuantos entrenan su mente y el manejo de las emociones aún no he encontrado nada.

Las estadísticas son demoledoras, alrededor del 70% de los músicos sufren una lesión a lo largo de su carrera con suficiente importancia como para afectar a su profesión, la edad mas frecuente se da entre los 30 y 40 años pero parece que muchas veces el origen de estas lesiones viene de la época de formación y un alto porcentaje convive con molestias a lo largo de su vida. Este es el lado oscuro del virtuosismo, la lesión es un tema prácticamente tabú entre los músicos porque se asocia a una mala practica y por temor a que su futuro profesional se vea afectado al admitirlo. 

Realizar cualquier actividad con dolor afecta a su calidad. Muchos músicos se acostumbran a tocar con dolor pero en ese estado es imposible que puedan expresar toda su capacidad, el dolor provoca contracción y un cuerpo contraído no puede abrir el sonido de su instrumento. Igualmente, una mente poco entrenada que divaga sin control y una falta de recursos para gestionar el miedo escénico influyen negativamente en el resultado.